Sobre Max Leiva

Max Leiva

Además de dos años en la Universidad de Silpakorn en Tailandia, donde recibió una beca para estudiar la escultura y la fundición de bronce, Leiva recibió su formación artística en la Escuela nacional de Bellas Artes de Guatemala. Esa preparación y los estudios adicionales que hizo con uno de los más apreciados escultores guatemaltecos, Dagoberto Vásquez, dejan una huella especialmente nacional en su obra.

En el año de 2007 Max Leiva  consiguió encumbrar una idea y concretarla con apoyo significante: el Festival Internacional de Escultura en Guatemala. “El dialogo de un festival de este tipo consistía en acercarse a las personas,  al público en general y  generar un espacio de convivencia alternativo sin preocupaciones; llegar a los sentimientos de la gente de una forma directa.  No significa que la sensibilización a través de este tipo de arte no produzca un resultado en el pensamiento de la gente.  Hay que ser optimistas, creer en la humanidad”.

Lejos de proponer una contemplación pasiva, estática, las esculturas de Max Leiva plantean siempre una acción capturada: algo está ocurriendo en el devenir inmóvil de las piezas. En todo momento las esculturas obedecen a un ritmo interno propio que proviene tanto de un meditado estudio del naturalismo en tridimension.

Su obra es esencialmente figurativa y expresionista, fruto de una constante búsqueda de ideas que nacen con el dibujo como herramienta. En el boceto busca poner un orden a una suma de preocupaciones, a ideas que vienen y van y de repente toman forma volumétrica o temática.

Los monumentos públicos que ha elaborado por encargo no siguen su misma línea creativa, pues cada una de esas obras tienen una esencia especial, sin embargo, según sus propias  palabras: “coinciden en el movimiento, el expresionismo y la intención de comunicación directa con el espectador”.

Pero ya sea a través de su estilo creativo o del que utiliza para desarrollar el diseño de los monumentos públicos, Max tiene el merito de atrapar los instantes a través de la intención de comunicación directa con el espectador, que pasa millones de veces al día y que en su obra vive para siempre.